Atlántico: 8 Mujeres Asesinadas y un Silencio que Duele Más que las Balas
- GINA SANCHEZ
- 28 feb
- 2 Min. de lectura

En apenas 59 días del año, el departamento del Atlántico ya suma ocho mujeres asesinadas. Ocho vidas truncadas. Ocho familias destruidas. Ocho historias que hoy son titulares fugaces… y mañana estadísticas olvidadas.
Mientras la sangre corre, el silencio retumba.
¿Dónde está la voz firme de la Gobernación del Atlántico?¿Dónde el pronunciamiento contundente de la Alcaldía de Barranquilla?¿Dónde la reacción clara de la Alcaldía de Soledad?
Hasta ahora, la indignación ciudadana parece gritar más fuerte que quienes fueron elegidos para gobernar.
Inversiones millonarias… ¿y resultados?
Se han anunciado inversiones históricas en seguridad. Solo desde la Gobernación se ha hablado de cifras cercanas al billón de pesos para fortalecer la seguridad en el departamento. A eso se suman los recursos del Distrito de Barranquilla y del municipio de Soledad, precisamente los territorios donde más delitos se concentran.
La pregunta es inevitable:
¿Qué está fallando?
Si las inversiones son millonarias, ¿por qué las mujeres siguen cayendo asesinadas?Si hay tecnología, cámaras, patrullajes y estrategias, ¿por qué el miedo sigue gobernando las calles?
No se trata de politiquería. Se trata de vidas.
Ocho mujeres. Ocho alarmas encendidas.
Cada crimen es una señal de alerta.
Cada feminicidio es un fracaso institucional.
La ciudadanía no está pidiendo discursos tibios ni comunicados protocolarios. Está pidiendo:
Estrategias claras.
Resultados medibles.
Responsables identificados.
Acciones urgentes.
Porque cuando asesinan a ocho mujeres en menos de dos meses, ya no es un hecho aislado. Es un patrón que exige reacción inmediata.
El silencio también comunica
Cuando no hay pronunciamientos firmes, cuando no se convoca a la ciudadanía, cuando no se lidera con contundencia, el mensaje que se envía es peligroso: normalización.
Y nada puede ser más grave que normalizar la muerte de mujeres.
Hoy el Atlántico no necesita silencio institucional. Necesita liderazgo. Necesita respuestas. Necesita que quienes administran los recursos expliquen qué está pasando y cómo van a detener esta espiral de violencia.
Porque mientras los números crecen, la confianza ciudadana se desploma.
Y la pregunta que queda flotando en el aire es demoledora:
¿De qué sirven las inversiones millonarias si las mujeres siguen muriendo?
La indignación no puede ser pasajera. La exigencia debe ser permanente.
El Atlántico merece seguridad real. Y las mujeres, vida.




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